
Entender los fenómenos físicos, aplicar fórmulas y adentrarse en el mundo de la ciencia y la tecnología permitió a José de Jesús Rivas Ángeles transformar sus conocimientos en soluciones técnicas con impacto social y ambiental.
En 2025, Rivas Ángeles cursaba el sexto semestre de la carrera técnica en Electromecánica Industrial en el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep) Hidalgo, plantel ubicado en Mineral de la Reforma, donde encontró el espacio para desarrollar sus habilidades y abrirse camino en la automatización de sistemas.
Lo que comenzó como un reto planteado en un taller del Conalep Hidalgo terminó por demostrar que el talento no tiene edad cuando se combina con disciplina, creatividad y compromiso social. Así nació Agrofly, un proyecto que hoy representa un ejemplo del potencial de la educación técnica para generar soluciones a problemas reales.
“Me parece que es una enseñanza muy útil saber que la tecnología no sólo sirve para los servicios industriales, sino también para generar un bien común. Me parece que es un orgullo para nosotros, como estado, saber que estamos impulsando un cambio”, dijo Rivas Ángeles.
Con la asesoría de sus docentes y el respaldo de sus compañeros Kevin y Osvaldo, José de Jesús Rivas desarrolló una solución a una problemática planteada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo (Semarnath): diseñar una herramienta que contribuyera a la reforestación mediante el uso de la tecnología.
Durante poco más de siete meses, el entonces estudiante de Electromecánica Industrial dedicó entre dos y tres horas diarias al desarrollo del proyecto. Incluso después de concluir sus clases y tras haber egresado, continuó trabajando junto con su equipo para perfeccionar un mecanismo capaz de acoplarse a un dron y dispersar semillas, denominadas “esferas de vida”, en zonas degradadas, con el propósito de contribuir a la restauración ambiental.
José de Jesús Rivas, quien actualmente cursa la carrera de Ingeniería Eléctrica en el Instituto Tecnológico de Pachuca (ITP), reconoció que el mayor aprendizaje no fue únicamente construir un prototipo funcional, sino descubrir que la tecnología puede trascender el ámbito industrial y convertirse en una aliada para proteger los recursos naturales.